La vida es una tómbola

22/7/2008

Pude haber ilustrado este post con la famosa "La vida es una tómbola, tom-tom-tombola, de luz y de coloooor, de luz y de coloooor" de Maria Isabel y Mariela, pero como desaprovechar esta joyita de Manu Chao, es como el anuncio de Chivas Regal en el que sale un patito blanco y junto a el aparece un Pavo Real exponiendo sus hermosos plumajes... se tiene o no se tiene... Manu lo tiene y sabe como usarlo, gracias a dios!!

Lo cierto es que una u otra tómbola, de que da vueltas, da vueltas.

El martes 24 de junio me resbalé y como producto de la aparatosa caída, me fracturé la tibia derecha. El dolor insoportable pronto dio paso al pánico, cuando se me comunicó que en la radiografía apareció un tumor en la tibia, razón por la que se fracturó. Desde ahi y hasta hoy, todo ha sido una tómbola.

Me trasladaron de inmediato en forma urgente al Hospital México, donde me hicieron TAC's, ultrasonidos, radiografías y demás, aparte de una biopsia en el hueso, que resultó positiva, es decir, el tumor en la tibia es canceroso.

Ahora estoy en medio de más exámenes, otros TAC's, Gama óseo, más ultrasonidos, exámenes sanguíneos, y demás, para descartar tumores en otras partes del cuerpo. Menuda sacudida me ha dado la tómbola.

Y todavía luego de todo esto, aun no está claro que harán con mi tibia... espero que al menos conserve el calorcito, porque si no... que friiiiio.

Mientras tanto, la tómbola sigue dando vueltas, así es esto de la vida, y yo, pues tomando los giros lo mejor que puedo, con la ayuda de muchos amigos maravilloso que han sido un soporte invaluable y sobre todo la entrega total de mi familia.

Que siga rodando. video

Exprimiendo niños


25/5/2008

Mi sobrina tiene 8 años. Está en tercer grado y bueno, contrario a su tío vagabundo y desaplicado, ella tiene notas excelentes. Las ha tenido desde que ingresó a maternal hace muchos años. Y aunque mi hermana dice que mi forma de pensar se debe a mis propias dudas sobre el sistema educativo vigente, lo cierto es que el plan ejecutivo que ha cursado Arianna, durante sus tres años de escuela, es, por no decir menos, una porquería.

Un niño es un niño. Ante todo es un ser humano en desarrollo, que está experimentando el mundo a su alrededor en busca de respuestas. La escuela definitivamente no le da respuestas, le da datos, le da “verdades” le pide que memorice todo lo que está en los libros, ¿por qué?, pues claro, porque sí y nada más. Con eso lo único que se logra es que el niño abandone su principal labor en los primeros 12 o 14 años de vida: cuestionarse. Además prepara al futuro “individuo” (nótese como dejamos de ser seres humanos, para convertirnos en sujetos del sistema), para que en el futuro no cuestione lo que se le da de desayunar como verdad, se le da de almuerzo como moral y se le da como cena en su carácter de responsabilidad social.

Esta porquería de sistema educativo es todavía peor de lo que parece. Arianna tiene clases todos los días, de lunes a viernes, de 7:30 de la mañana a 3:00 de la tarde. Como su escuela queda en Belén y la radial Belén-Santa Ana sufre de parálisis severa, llega a la casa entre 4 y 4:30 de la tarde, para ponerse a hacer tareas, y a estudiar, porque si no tiene quices, son exámenes. Como a las 5 de la tarde llega mi hermana del trabajo, quien supervisa personalmente el estudio de mi sobrina, que cuando hay examenes se extiende por hooorraassss.

Eso no es otra cosa más que exprimir a un niño hasta sacarle su última gota de niño y así convertirlo en un autómata que se ubique adecuadamente en la sociedad como un ciudadano exitoso… vaya porquería… más de lo mismo.

Estamos envenenando a nuestros niños, y luego nos sorprendemos de la cantidad de víboras que tiene la sociedad: individualistas, caluculadores, egocéntricos, pedantes, odiosos productos de todo un sistema que solo fue ideado para dar este resultado. Los valores no existen, no importan. Qué le importa a los papás, ¿que sus hijos tengan valores y principios sólidos sobre los que construir su propia vida? Claro que no, solo les interesa que sus hijos saquen buenas notas en la escuela, se “porten bien” y se ubiquen en un lugar al menos aceptable en la estructura social que ya está ahí para recibirlo, como una pieza de rompecabezas, que no admite lados menos pulidos y no solo no los admite, los ataca ferozmente.

¿De que nos sirve tener un sistema educativo gratuito y obligatorio hasta el quinto año del colegio, si no estamos enseñando nada a nuestros niños y jóvenes? Màs bien lo que estamos haciendo es convirtièndolos en personalidades atrofiadas y dependientes, que al final llegan a convertirse en patologías que luego no nos gustan, no queremos ver violencia doméstica, ni homicidos, ni robos, ni delincuencia de ningún tipo, pero cuando tenemos la oportunidad de dar un cambio, lo desperdiciamos poniendo a nuestros niños a recitar libros que no tienen ningún valor real.

Nuestra educación tiene que cambiar, es urgente. Tenemos la capacidad instalada, no es la mejor, pero existe. Tenemos el personal dispuesto, solo requiere de pequeños ajustes paradigmáticos. Solo se requiere voluntad.

Hagamos el cambio posible. Conversemos sobre esto en nuestros grupos íntimos, con nuestras familias, con nuestros compañeros de trabajo, con los otros padres de familia en la escuela. Generemos un cambio de actitud, hagamos una masa crítica que nos permita dar el salto. Manos a la obra.

El calentamiento global es un asunto bien gordo


25/5/2008

Hace unos meses, en plena carrera electoral española, el candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy, al ser consultado sobre su opinión respecto al calentamiento global, dijo – mondo y lirondo – que él no entendía nada sobre el asunto, pero que le preguntó a su primo – que era muy entendido en la materia – y éste le aseguró que no tenía de qué preocuparse, que esto del calentamiento global tenía más publicidad de la cuenta. Desde aquí oigo sus carcajadas, y les aseguro que no se acercan a las que yo proferí en honor a don Marianín ante semejante burla a la inteligencia universal. Aun así, no dejó de sorprenderme meses después, que en las elecciones, como diría Anita Torroja: “los españolitos, enormes, bajitos, hacemos por una vez, algo a la vez” y por un pelo de rana calva, casi le dan el triunfo a Rajoy en lugar de a Zapatero, pero en fin, eso solo me confirma que en materia de manipulación de masas, mis queridas masas ticas son tan estúpidas como las masas de cualquier país desarrollado (vaya consuelo).

Lo cierto es que con la misma levedad con que Rajoy trató el tema del cambio climático, los grandes “líderes” de la humanidad hacen lo propio. Luego del Protocolo de Kyoto en el que se atacó directamente la causa principal del calentamiento global: la emisión de agentes contaminantes, sobre todo industriales y las emisiones de medios de transporte: ¡sorpresa! Mr. Bush decidió (o confirmó para si mismo) que el buen Dios eximió a su pais de cualquier responsabilidad en el tema del cambio climático y por ende no ha suscrito aun el Protocolo ni ha movido medio dedo para colaborar con la reducción de la contaminación de su país, uno de los más contaminantes en el mundo entero.

Claro que otros países más “éticamente comprometidos” como los pertenecientes al Bloque Europeo, salen en todas las fotos sonriendo y apretándose a la madre naturaleza, pero en realidad su compromiso real se circunscribe a salvar sus propios ambientes “caseros” porque cuando tocan a sus empresas en el resto del mundo para exigirles compromisos ambientales, salen a defenderlos cual leona herida… ¡vaya ética la del viejo continente!

Pero bueno, como siempre, aquí viene la autoflagelación.

La verdad es que tampoco nos podemos poner a señalar con cara de compungidas almas puras del Opus Dei, cuando en realidad somos tan culpables como cualquier otro ser humano del planeta. Si nos preguntamos en este momento, exactamente ¿qué estoy haciendo para mejorar el medio ambiente que me rodea? Y por favor, no me vengan con que reciclan el papel de la oficina… me refiero a compromisos serios: ¿reciclas la basura de tu casa? ¿siembras árboles en los alrededores de los lugares que visitas? ¿viajas en autobús para ahorrar combustible al no sacar tu vehículo? ¿pides en el supermercado que te empaquen en cajas de cartón recicladas en lugar de bolsas de plástico? ¿consumes productos empacados en envases reciclables? ¿preferimos productos agrícolas de procedencia orgánica? En fin, ¿hasta donde llega nuestro compromiso real con el planeta?

Y del mío mejor ni me pongo a hablar, porque ahora resulta que los gordos como yo, por el solo hecho de ser gordos, contaminamos más y arruinamos más al planeta que los flacos, porque comemos más, “desechamos” más y utilizamos más medios de transporte movidos por petróleo (ver noticia en http://www.nacion.com/ln_ee/2008/mayo/25/aldea1544454.html), ¡sólo eso me faltaba! Bueno, incluiré bajar de peso entre mis compromisos con el ambiente… a ver, a ver, saquen su libretita de compromisos y hagan los suyos, para mañana es tarde.

No dejemos que nos roben la Caja


24/5/2008

Tengo años de venir diciéndole a cualquier cristiano que se deje, que tenemos que defender nuestra Seguridad Social, Universal y Gratuita. Desde que viví en México en el 2001 y pude presenciar lo que significa ceder el espacio de los sistemas solidarios de salud a las empresas privadas, cuyo objetivo claramente está divorciado de la salud y casado en segundas nupcias con el lucro, he aprendido a valorar el sistema de salud tico, con todo y sus filas de horas, sus empleados desposeídos totalmente de mística y compromiso y la bandada de zopilotes salvajes queriendo comerse la Institución a mordiscos para dejarla en los huesos.

Cuando vi como doscientas veces seguidas el documental de Michael Moore ‘Sicko’, no pude menos que conmoverme ante nuevas evidencias de lo que siempre temí, la apertura del negocio de los seguros de salud a manos privadas, es el inicio del fin de la salubridad pública; ver como uno ser humano tuvo que decidir – ante un evento que cercenó dos de sus dedos – cual dedo quería conservar, y no porque tuviera el mejor consejo médico para tomar la decisión, sino porque debía revisarse la billetera para ver hasta donde le alcanzaba… eso es inaudito.

En estos días, nos visitó don Hunter “Patch” Adams, un doctor lleno de amor y de solidaridad, sobre todo con los más desprotegidos entre los desprotegidos: los niños. La entrevista que concedió al programa “Buen Día” (pueden consultarla aquí: http://youtube.com/watch?v=EnmEqMXolyc), me volvió a revolver la cabeza y el corazón. No puedo dejar de pensar que estamos permitiendo que nuestra Salubridad Pública se vaya por el caño.

Y es que mucho más que guindarse de los slogans del TLC, lo cierto es que la destrucción de la Salud Pública que tenemos y que hemos disfrutado en los últimos cincuenta años, está llevándose a cabo, como ya sucedió en otros países, por la acción silenciosa pero efectiva de los políticos de turno que la administran con “las patas”, que se roban sus recursos (por las vías delictivas, por la falta de pago de cuotas privadas y del mismo gobierno o para “recetarle” bonos de hacienda), que no hacen nada para mejorar sus servicios y por el contrario, consienten que estos se deterioren como si fuera algo natural y esperable.

Nuestra obligación es exigir calidad del Servicio de Salud Público. Exigir que las características de universalidad y gratituidad se fortalezcan. Exigirnos a nosotros mismos a convertirnos en contralores de los servicios que recibimos y a denunciar cualquier desmejora en el servicio que nos prestan.

Rescatemos a la Caja Costarricense de Seguro Social. Confiemos en el Sistema de Seguridad Social Solidario que nos regalaron nuestros padres y abuelos. Utilicemos los servicios de salud públicos y hagamos nuestro trabajo.

Humo por realidad


18/5/2008

Que buenos que somos para consumir humo: de los cigarros – propios y extraños –, de los vehículos en la calle, de las quemas en el patio de la casa… pero el peor es el que nos tragamos a modo de postre etimológico, para engañarnos a nosotros mismos y hacernos creer que tenemos ideas en la cabeza, cuando lo cierto es que tanta basura consumida solo nos ha dejado humo, dando vueltas, golpeando las neuronas, haciéndonos creer que pensamos y que lo hacemos reflexivamente… ¡vaya engaño!

Lo que pasa es que no podemos culpar a la sociedad, o a los políticos, por nuestra debilidad tan arraigada de consumo de estupideces. Si los diputados presididos por el señor Nuñez hacen una competencia diaria en la Asamblea Legislativa para demostrar quien tiene el cerebro más atrofiado, y las hemorragias berborreicas que expulsan por sus bocas llegan hasta nosotros por el pasquín ese de Tibás, o por el emporio erigido en torno a la avaricia en La Uruca, al final es nuestra decisión (y de nadie más), habilitar los accesos sensoriales a nuestro cerebro y además validar semejante basura intelectual como ideas y razonamientos dignos de nuestra credibilidad. Nadie más que nosotros puede culparse por tanta imbecilidad.

Y es que hay que ver las cosas que nos recetan a diario desde esos dos remedos de medios de comunicación. Es pavoroso el número de imprecisiones, tergiversaciones y mentiras descaradas que se urden en esas salas de redacción – más semejantes a estados mayores de algún ejército – para distorsionar la realidad y hacernos creer en realidades alternas que faciliten sus acciones egoístas y aprovechadas en contra de todos.

Con lo bien demostrada que está la efectividad del miedo como instrumento de adoctrinamiento, utilizado durante siglos por los grupos usurpadores de los derechos intrínsecos del ser humano y que el señor Bush de Texas ha llevado a la siniestra perfección, y nosotros íbamos a creer que nuestros maravillosos dirigentes políticos se iban a abstener de usarlos… una cajita blanca envuelta barras y estrellas para el pueblo de Costa Rica.

La utilización del miedo como arma de batalla de estos grupúsculos insaciables ha sido tan descarada que ni siquiera les importó que su trama novelera fuera expuesta en los medios al revelarse el famoso memorandum de los delfines de la dictadura, a mediados del año pasado.

Y tan descarada es nuestra indiferencia, que a pesar de conocer las verdaderas intenciones de todos estos saqueadores de la riqueza de los costarricenses, seguimos cayendo en sus juegos, creyendo sus mentiras y reaccionando cuando – interpretando el papel que más disfrutan, el de titiriteros – jalan hilos invisibles para que nos movamos en la dirección que a ellos les interesa.

Sus capitales monetarios y de fechorías, seguirán en franco engorde si el pueblo no le pone un alto a su actitud depredadora.

Que no nos asusten sus gritos y sus amenazas, que a falta de ideas no se puede esperar otra cosa.

¿Por qué trabajo?


17/5/2008

Siempre he sido de esos románticos que creen que el trabajo es una satisfacción personal por la creación, intelectual o material, que nos pertenece y que materializa un poco de lo que somos… eso de que con lo que creamos nos sentimos un poco dioses de un microuniverso al que nosotros mismos dimos vida.

Pero estas dos últimas semanas han sido diferentes. He estado trabajando en tres documentos importantes, sobre los que no veo un futuro muy prometedor, y de verdad me he cuestionado sobre el esfuerzo que he puesto en ellos.

Desde la semana pasada estuve preparando una denuncia a favor de una compañera, para presentar al Ministerio de Trabajo, que me costó toda esa semana, el fin de semana pasado, el lunes y parte del martes de esta semana. Fue un trabajo monumental. Buscar jurisprudencia, revisarla una por una, entresacar argumentos jurídicos que dieran sustento al reclamo de la afectada… al final no quería ver una sola sentencia más en mi vida. Lo cierto es que no creo que al final esta denuncia pueda interponerse. Existen afectaciones importantes, pero la vìa no parece ser la apropiada, lo cual significa que todo ese trabajo al final servirà de algo solo si el abogado que la represente en la vìa ordinaria, desea tomarlo como apoyo.

Además la semana pasada (desde el domingo) vengo preparando dos documentos muy importantes para presentarlos ayer en la Gerencia. Los tengo en la cabeza desde hace semanas, los he conversado con varios amigos, para obtener retroalimentación, pero el trabajo de sacar esas ideas de la mente y materializarlas en un texto que tuviera sentido y que fuera agradable, fue agotador. El martes salí como a las 8 de la noche del trabajo, el miércoles como a las 10 de la noche y el jueves como a las 9 de la noche, entrando todos los días a las 7 de la mañana. Todavía el viernes en la mañana estaba dándoles algunos retoques a las presentaciones en Power Point que llevaría a la Gerencia. En este caso, aunque creo que ambos trabajos causaron una buena impresión, las propuestas rompen tanto con el esquema “oficial” que sinceramente creo que se convertirán en letra muerta. Yo de verdad les puse cariño, de verdad saqué lo mejor de mi en esos documentos, pero tampoco les veo futuro.

Muchas veces me ha sucedido algo parecido, pero esta vez fueron dos semanas de trabajo tan intenso y de un esfuerzo personal tan grande, que de verdad no puedo dejar de sentir una decepcioncilla en algún lugar dentro de mí, que me tiene inquieto.

El lunes regresaré a trabajar, tengo muchísimos asuntos que atender, talvez ninguno tan exigente como estos tres, pero nuevamente tendré que esforzarme al máximo, y me preocupa que el ánimo me falle. No puedo evitar sentir como que algo se me está gastando y eso no me gusta.

Si de algo estoy convencido es de que uno no puede trabajar en algo en lo que no se siente a gusto. Mi trabajo en el Sindicato me llena profundamente; ayudar a otros, de forma totalmente desinteresada, me hace sentirme muy bien conmigo mismo. Pero no me puedo dar el lujo de poner menos esfuerzo del que requiere cada compañero, cada caso, cada trabajo… sería traicionarme a mi mismo, a mis principios de vida que – dicho sea de paso – no son muchos y no son los tradicionales, por lo que si esos poquísimos principios en los que creo son apuñalados por mis propias acciones, estarè en problemas.

Ya veremos que depara la semana venidera…

De David y los glóbulos rojos


17/5/2008

Hace unos días recibí un mensaje urgente que informaba que la cantante lírica Raquel Ramírez fue diagnosticada con leucemia aguda y que requería donantes para una transfusión completa de sangre que se le haría. Yo me ofrecí a donar, por lo que fui al Banco de Sangre del Hospital México, donde luego de algo más de una hora, el encargado me indicó que mis glóbulos rojos eran muy pequeños y que por eso no podrían recibir mi donación. Con gran pesar informé a la mamá de Raquel para que buscaran alguien más que supliera mi donación.

Aunque el evento me afectó porque sentí que le fallé a alguien con quien comprometí mi ayuda, en realidad lo que más me dolió es que mi olfato gordiano me indica que al final fue otro evento más para sumar a la lista de los gordos.

Me explico.

Quienes me conocen saben que no estoy pasadito de rico, en realidad estoy obesamente enorme, y por ello, como a todos los obesos que andan por ahí, el mundo de pronto nos queda pequeño y no solo eso, la gente tiende a considerar que somos demasiado grandes para sus círculos íntimos, ya ven que esos son pequeños y estrechos, así que si uno está dentro, pues hay que sacar a dos o a tres a cambio. Por eso, desde hace años que estoy así en la talla pornográfica (triple x), vengo escribiendo la lista de los gordos, con eventos y situaciones que pasan y que no son precisamente agradables.

Ese dia en el hospital, desde que llegué percibí que el encargado no se sintió nada a gusto conmigo. Yo sabía que no le haría gracia buscar mis venas, porque como mis brazos al nivel del codo, donde se obtiene la sangre miden aproximadamente 38 cm., es decir hay bastante grasa entre la vena y la superficie de la piel, lógicamente les cuesta encontrar por donde va. Pero eso no fue todo, de entrada, cuando quiso tomarme la presión, sucedió algo que ya me ha pasado muchas otras veces y es que la cinta inflable del esfignomanómetro, no cubre el grosor de mi antebrazo (55 cm.). El encargado, aunque no tenía nada más que hacer, nunca fue a buscar otro aparato con una cinta más larga, nunca tuvo la intención de tomarme la presión y tardó una larga hora en encontrar un pretexto para “despacharme”. Porque aunque no lo tengo claro, mis alarmas contra gordofóbicos me dicen que lo de los glóbulos es un cuento chino de los buenos.

Yo se que mi cuerpo dista mucho de la imagen clásica de belleza masculina, es decir, no necesito que nadie me recuerde que el David de Miguel Ángel tiene proporciones muy diferentes a las mías, pero siempre es horrible enfrentarse al desagrado de la gente que te ve. Yo la verdad es que no he podido con eso. Prefiero casi no salir, llego al trabajo a las siete de la mañana y por lo general me regreso a mi casa a eso de las siete de la noche y no salgo para nada; llevo mi almuerzo, que consumo en mi oficina; ahí mismo tomo café y mis únicas salidas son a las reuniones que me programan, que no son muchas y por lo general son dentro del mismo edificio.

Me muevo dentro de un grupo de gente que me quiere, que es como un círculo de seguridad en el que me siento muy bien, me siento apoyado y además siento que es gente que se ha atrevido a atravesar mis murallas colesterolosas, para ver lo que hay dentro. Eso lo agradezco y lo valoro muchísimo.

Pero no son majaderías, en realidad el mundo no está hecho para gente de mi medida. Prefiero no viajar en autobús, porque si me siento, ocupo casi dos lugares, por lo que a la gente le molesta ver que me quedo con dos lugares pagando solo uno. Y si me quedo de pie, bloqueo completamente el pasillo, lo cual son más malas caras, codazos, y hasta comentarios horribles.

Si voy a un lugar en el que tienen sillas plásticas, pues de fijo no puedo sentarme. En este tipo de sillas necesito poner dos juntas para que soporten mi peso (150 kg.). Lo peor son los lugares donde las sillas tienen brazos a los lados, porque por lo general ni siquiera puedo sentarme, sencillamente no quepo. Igual cuando llego a un restaurante, siempre me ven como con cara de “ya se lo comió todo” y es espantoso. Y lo peor son las gentes, que probablemente con buena intención, apenas está uno comiendo le empiezan a recordar lo mala que es la obseidad y que si uno no piensa hacer un esfuerzo por bajar de peso y demás comentarios, insisto, probablemente bienintencionados, pero que llegan en el peor de los momentos.

Y de la ropa, pues mejor ni decir. No puedo ir a ninguna tienda a buscar ropa, no tienen ropa de mi talla. Es un asunto tan desagradable que tengo años de no comprar ropa. Todo lo que tengo me lo han regalado, yo hace años no voy a una tienda a comprar ni un calzoncillo.

Al final, todo se resume en que me toca bajar de peso y ajustarme al mundo, así es esto. Lo bueno de esto es que la obesidad nos permite hacer esa elecciòn. Mientras tanto, pues no se como alimentar a mis glòbulos rojos para que crezcan, pero por aquello de rojo, le estoy dando duro a los chocolates rellenos de cerezas, para compensar… vamos a ver si funciona.