El calentamiento global es un asunto bien gordo


25/5/2008

Hace unos meses, en plena carrera electoral española, el candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy, al ser consultado sobre su opinión respecto al calentamiento global, dijo – mondo y lirondo – que él no entendía nada sobre el asunto, pero que le preguntó a su primo – que era muy entendido en la materia – y éste le aseguró que no tenía de qué preocuparse, que esto del calentamiento global tenía más publicidad de la cuenta. Desde aquí oigo sus carcajadas, y les aseguro que no se acercan a las que yo proferí en honor a don Marianín ante semejante burla a la inteligencia universal. Aun así, no dejó de sorprenderme meses después, que en las elecciones, como diría Anita Torroja: “los españolitos, enormes, bajitos, hacemos por una vez, algo a la vez” y por un pelo de rana calva, casi le dan el triunfo a Rajoy en lugar de a Zapatero, pero en fin, eso solo me confirma que en materia de manipulación de masas, mis queridas masas ticas son tan estúpidas como las masas de cualquier país desarrollado (vaya consuelo).

Lo cierto es que con la misma levedad con que Rajoy trató el tema del cambio climático, los grandes “líderes” de la humanidad hacen lo propio. Luego del Protocolo de Kyoto en el que se atacó directamente la causa principal del calentamiento global: la emisión de agentes contaminantes, sobre todo industriales y las emisiones de medios de transporte: ¡sorpresa! Mr. Bush decidió (o confirmó para si mismo) que el buen Dios eximió a su pais de cualquier responsabilidad en el tema del cambio climático y por ende no ha suscrito aun el Protocolo ni ha movido medio dedo para colaborar con la reducción de la contaminación de su país, uno de los más contaminantes en el mundo entero.

Claro que otros países más “éticamente comprometidos” como los pertenecientes al Bloque Europeo, salen en todas las fotos sonriendo y apretándose a la madre naturaleza, pero en realidad su compromiso real se circunscribe a salvar sus propios ambientes “caseros” porque cuando tocan a sus empresas en el resto del mundo para exigirles compromisos ambientales, salen a defenderlos cual leona herida… ¡vaya ética la del viejo continente!

Pero bueno, como siempre, aquí viene la autoflagelación.

La verdad es que tampoco nos podemos poner a señalar con cara de compungidas almas puras del Opus Dei, cuando en realidad somos tan culpables como cualquier otro ser humano del planeta. Si nos preguntamos en este momento, exactamente ¿qué estoy haciendo para mejorar el medio ambiente que me rodea? Y por favor, no me vengan con que reciclan el papel de la oficina… me refiero a compromisos serios: ¿reciclas la basura de tu casa? ¿siembras árboles en los alrededores de los lugares que visitas? ¿viajas en autobús para ahorrar combustible al no sacar tu vehículo? ¿pides en el supermercado que te empaquen en cajas de cartón recicladas en lugar de bolsas de plástico? ¿consumes productos empacados en envases reciclables? ¿preferimos productos agrícolas de procedencia orgánica? En fin, ¿hasta donde llega nuestro compromiso real con el planeta?

Y del mío mejor ni me pongo a hablar, porque ahora resulta que los gordos como yo, por el solo hecho de ser gordos, contaminamos más y arruinamos más al planeta que los flacos, porque comemos más, “desechamos” más y utilizamos más medios de transporte movidos por petróleo (ver noticia en http://www.nacion.com/ln_ee/2008/mayo/25/aldea1544454.html), ¡sólo eso me faltaba! Bueno, incluiré bajar de peso entre mis compromisos con el ambiente… a ver, a ver, saquen su libretita de compromisos y hagan los suyos, para mañana es tarde.

1 comentario:

julio cesar Benitez dijo...

hola,amigo!estuve espiando tu blog y comparti tu nota sobre el calentamiento...no hay muchos iunteresados,pero unidos venceremos!!si tienes facebook,agregame! facebook.com/pastichoti