Carta pública a mi radio favorita

Un voto de censura de un oyente común


Grettel Alfaro, Gerenta
ADN Radio, 90.7 FM

Estimada doña Grettel:

He querido escribirle esta carta pública, porque sinceramente la situación que le contaré de seguido, rebasó todas mis posibilidades de contención personal.

Soy oyente de ADN desde hace varios años.  Paso conectado desde que salgo para mi trabajo, y procuro mantenerme conectado el resto del dia, cuando la conexión de internet me lo permite, ya que en mi oficina las ondas de radio parece que no han sido invitadas formalmente y es imposible escucharlos por tan ingenioso aparato.  Es esta condición de oyente, la que me hace atreverme a manifestarle, en lo que pueda valer viniendo de la gradería de sol, mi voto de censura contra el programa 'Padilla en América' y su conductor, el afamado expresentador de noticias de CNN en español, Alberto Padilla.

Considero sinceramente que ADN no merece un programa tan mediocre como el ofrecido por el señor Padilla.  La producción es lamentable y él no sabe hacer radio.  No tiene claro cómo tratar los temas, a los que sencillamente ataca como si fueran ingredientes de un batido, sin orden, sin propósito, extendiéndose exageradamente en asuntos sin ninguna importancia, enredándose en sus propios argumentos y de pronto sacando una nueva tarjetita del cajón, sin previo aviso, solo porque se le ocurre.  Los temas se tratan superficialmente, sin ningún análisis serio y lo único que rescata en alguna medida el espacio, son los invitados, que por lo general lo ponen en su lugar, corrigiendo sus errores de bulto.  Claro, no hay invitados a diario.

Pero definitivamente creo que Costa Rica no merece que en la radio nacional se brinde espacio al señor Padilla.  El señor se ufana de sus prejuicios, los expone sin reparo y sin asco, no teme vilipendiar a quien sea, afirmando lo imposible, como si fuese verdad bíblica.

Tengo días de escuchar sus comentarios incidiosos y malintencionados contra los gobiernos de Evo Morales, Cristina Fernández, Nicolás Maduro y Rafael Correa. Las noticias que comenta a veces son realmente preocupantes, pero su aporte solo añade mentiras tan descaradas que rayan en la ridiculez.  Hace unos días, uno de sus invitados le corrigió tres o cuatro posiciones seguidas sobre los Fondos Buitre de Argentina y la decisión del gobierno de ese país de utilizar sus reservas internacionales para pagar deuda.

No he querido dar el perillazo, por un ingenuo sentido de lealtad hacia una emisora que me entretiene e informa durante todo el día, pero los programas de ayer y hoy, me obligaron a hacer algo.

Ayer se dedicó a basurear al señor Román Macaya, por su nombramiento como embajador costarricense en Estados Unidos.  El manejo irresponsable de un hecho tan delicado como fue el referndum del TLC, fue lamentable.  El desparpajo con que afirmó tajantemente que don Román era un enemigo de los Estados Unidos y que durante el referendum agredió a ese país y a su pueblo, situación totalmente alejada de la verdad y que solamente habla de su ignorancia y de sus prejuicios e ideas preconcebidas, fueron lamentables.  Repetía una y otra vez lo que le extrañaba la decisión y no aportaba ningún argumento, aparte de las mentiras que repitió hasta el cansancio, dudando incluso de las intenciones o de la claridad de pensamiento del señor Presidente, don Luis Guillermo Solís y afirmando con orgullo que por eso él no cree a los políticos, maravillosa conclusión para terminar de enterrar a quien no merecía esa diatriba de falsedades.

Hoy fue aun más lamentable.  Tomando como base una noticia sobre la próxima publicación de un documento producido por la Comisión de la Verdad que con el apoyo de la ONU opera en El Salvador, para generar memoria histórica objetiva en torno al terrible conflicto armado que desangró a ese país en los setentas y ochetnas, hizo una apología del Presidente Salvador Sánchez, a quien calificó de guerrillero, porque igual que un médico o un ingeniero que se pensionan y no dejan de ser profesionales, los guerrilleros también lo siguen siendo de por vida.  Tanta ignorancia en torno a un tema tan difícil como fue el proceso de paz en El Salvador, la reconciliación del FMLN con la sociedad y con la paz, su integración a la vida política, abandonando definitivamente las armas, es inaceptable, viniendo de un comunicador con la experiencia del señor Padilla.  No contento con eso, afirmó categóricamente que el Presidente Sánchez era responsable de innumerables muertes, secuestros, vejaciones y solo le faltó describir cómo despellejaba a los niños con palillos de dientes.  Fue no solo grotesco, sino intolerable.  Como cierre concluyó en que las manos ensangrentadas del Presidente Sánchez son imperdonables, porque los muertos que carga fueron injustificados, de agresión pura y simple.  Yo no podía creer lo que estaba escuchando.

Supongo que la fama que precede al señor Padilla, le abrió las puertas de ADN, pero con todo respeto doña Grettel, creo que su verbo venenoso y putrefacto, debería ser suficiente razón para cerrárselas.

Yo seguiré fiel a la radio, porque realmente tienen programas y programación excelentes, pero a las 5, optaré por el perillazo.  Ojalá y mi opinión sirva de algo.

Rolando Coto.

Digamos Palestina...


Digamos que soy un hijo del desierto.  Mi vida es el agua.  Mi casa está donde mi vida aparezca.  Igual estoy aquí hoy, y mañana estaré allá.  Todo lo que me importa viaja conmigo.

Pero caminando y caminando, llegamos a una tierra llena de gente venida de todas partes.  La mayor parte de los habitantes se hacen llamar hebreos, del pueblo de Israel, y aunque creen ser dueños de las tierras por regalo de su dios, lo cierto es que desde hace muchos años sus reinos fueron derrotados por los asirios y los babilonios, pero igual cada quien cree lo que quiere.

Digamos que decidimos quedarnos a vivir aquí, abandonar nuestra ancestral madre nómada y asentarnos, es lo que ahora se hace en todas partes, la gente empieza a construir casas y sentirse dueños de esas piedras y techos.  Una casa es donde uno tiene lo que ama, por lo que igual será mi tienda de nómada que mi nueva casa en Judea.

Digamos que cuando uno vive muchos años se da cuenta de que nadie es dueño de nada y menos de la tierra:  Los persas vencieron a los babilonios y se proclamaron dueños de esta tierra, luego los griegos se pasearon por aquí y hasta los romanos hicieron de esta una de sus provincias: Palestina.

Igual nosotros seguimos trabajando las tierras, criando a nuestros animales y amando a nuestras familias.  El que se llame dueño de la tierra es lo de menos, mientras podamos vivir tranquilos.  Nuestros vecinos los judíos no logran entender eso, ellos creen ser los legítimos dueños de este poco de polvo y piedras y se ven obligados por su dios a defenderlo, luchando y muriendo con cuanto ejército llegue y ocupe el lugar.  Con los romanos es con quienes peor la han visto.  Al fin Roma es Roma.  El Imperio no es particularmente sangriento con las tierras que ocupan: permiten a sus habitantes convertirse en ciudadanos romanos, abrazar sus costumbres, rezar a sus dioses y listo, romanos, pero nuestros amigos hebreos no podían aceptar eso, porque su dios es el único dios y no pueden adorar a otro diferente.  Siguieron peleando, hasta que Roma se cansó, destruyó su templo y los expulsó a todos.  Fue triste verlos partir de la tierra de la que se creían dueños.

Digamos que a los romanos también les llegó su hora. Cuando el imperio de occidente cayó, Bizancio no tenía particular interés en estas áridas tierras y entonces los árabes la hicieron suya.  Entre Omeyas y Selyúcides, entre Saladinos y Mamelucos, fuimos parte de tantos reinos que perdimos la cuenta.  De pronto llegaron los turcos y nos hicieron parte de otro gran imperio, como el romano: los otomanos.  Y entre vaivenes, llegamos a conocer a aquel dios del que hablaban nuestros vecinos, el dios de Abraham: conocimos el Islam y dimos razón a nuestra fe y a nuestro espíritu.

Digamos que durante cuatro siglos vimos como los hijos de los romanos, que ahora se hacen llamar cristianos, trajeron la guerra a nuestra tierra.  Querían liberar Jerusalem, la santa ciudad que acogía a nuestros principales templos, porque, como antes los judíos, creían que esa tierra les pertenecía, porque su salvador nació, creció y murió aquí.

Los otomanos lucharon contra todas las cruzadas, que era como llamaban a las invasiones que hacían a través de los años.  Una vez enviaron un ejército de niños, a pelear la guerra de los hombres.  Que extraños estos cristianos.  Nosotros seguimos igual, viviendo, amando, orando, cuidando la tierra que nos protegía.

Digamos que ningún imperio es eterno y los otomanos también cayeron, a manos de los europeos, que eran los mismos cristianos pero con mejores armas.  Ellos también dijeron ser dueños de todas las tierras del imperio y se las repartieron.  A nosotros nos partieron en dos, el norte se lo dejó Francia, junto con Siria y Líbano y el resto se unió con Jordania en lo que se llamó el Mandato Británico de Palestina.

Y de pronto, los ingleses hicieron un trato con los hebreos, aquellos que durante casi 2000 años no se veían por aquí, para devolverles su tierra y que hicieran su propio país.  ¿Devolverles las tierras?

Digamos que nos quisieron convencer de que esta tierra donde llevamos miles de años viviendo, soportando imperio tras imperio, guerra tras guerra, siempre aquí, sembrando, amando, creciendo, esta tierra palestina que es nuestro hogar, ya no es tan nuestro.  Los hebreos consideran que esta siempre fue su tierra y que solo la dejaron en alquiler mientras regresaban y, bueno, ya regresaron.

Digamos que no estábamos preparados para que nos trataran de convencer de algo tan poco serio, tan poco lógico, tan injusto.  Ahora resulta que cuando por fin hay posibilidad de que quienes habitamos estas tierras seamos los que determinemos su futuro a través de un gobierno, van a traer a otros a robarse el mandado... como esto era tan inconcebible, hasta para los mismos ingleses, se les ocurrió hacer dos estados en la misma tierra.  De mal en peor, ahora no solo traen a gente que por 2000 años no ha vivido aquí, sino que partirán nuestra casa a la mitad, para darles un campito.

Digamos que no solo les dieron la mitad de Palestina, sino que los armaron, les dieron tecnología, les abrieron las bóvedas de la riqueza del mundo, para construir un país, mientras que nosotros solo teníamos lo poco que pudimos sacar cuando nos expulsaron de nuestra propia casa, y eso básicamente eran los cuatro chuicas, los tres güilas, la doña y la pobreza, porque si algo fuimos siempre fue pobres.

Digamos que en cuestión de meses el nuevo país que construyeron cercenando nuestra tierra, se hizo con un ejército tan poderoso, que venció a todos los vecinos que trataron de defendernos: Siria, Líbano, Jordania, Egipto, todos derrotados y a todos les arrebató pedazos de sus propios países, y aun peor, nos siguió arrinconando en cada vez menos terreno.  No sacó incluso de Jerusalen.

Digamos que durante 40 años el asedio, el acoso, la humillación y el despojo fue tan grande, que nos cansamos.  Y en 1987 se dio la primera intifada.  Esto es el burro amarrado contra el tigre suelto.  Israel tiene un ejército profesional, armado con tecnología de punta, que no duda en utilizar contra nosotros.  Lo que podemos hacer es levantar la voz, lanzando bombas que nunca darán en su blanco, porque el sistema antimisiles israelí se encargará de desturírlas antes de que acierten, pero que llaman la atención del mundo sobre lo que sigue sucediendo aquí.

Digamos que mi pueblo sigue muriendo, un día si y otro también, por el derecho sacrosanto israeli de defenderse.  ¿Defenderse? ¿Derecho? ¿Y el derecho de Palestina a existir como país? ¿Y el derecho a defenderse de los bombardeos que recibimos y que, a diferencia de las bombas lanzadas por Hamás, provocan la muerte de cientos de pobladores palestinos, civiles, gente que solo quiere un lugar donde vivir en paz.

Digamos que seguimos tan solos como siempre. Que el mundo se sigue justificando para no hacer nada y cerrar los ojos para no ver el genocidio contra nuestro pueblo. Que pronto no habrá ningún pueblo palestino al que deba dársele un lugar donde vivir.

Digamos que, sin merecerlo, Palestina está pagando por los pecados del mundo contra el pueblo israelí.

Digamos que Palestina merece un mejor futuro.  Somos seres humanos, como usted.

Digamos Palestina.

Celebrando la vida

Mi homenaje a Rodolfo Montoya Calderón

 
     Rodolfo estaría cumpliendo hoy cincuenta y un años de vida.
 
     Se oye fácil, pero atravesar medio siglo de vida, de experiencias, de decepciones, de amores, de pérdidas, de alegrías y de sueños, necesariamente deja surcos en tu alma.
 
     Pero él llegó tan fresco y lleno de vida, que sólo eso demuestra lo bien que lidió con los avatares de más de dieciocho mil días sobre este mundo.
 
     Cada vez que le recuerdo, solo viene a mi mente esa viveza, esa chispa con la que interpretaba su realidad.  Era una persona alegre, comprometida, solidaria y siempre dispuesta a dar el paso adelante.
 
     Como trabajador se entregaba de lleno, no le arrugaba la cara a lo que le pusieran a hacer, fuera su trabajo de mensajería o colaborando como chofer o en la cocina, atendiendo reuniones:  siempre se esmeraba por hacerlo con calidad, con alegría y con excelencia.  Y no contento con brindar un buen servicio a los demás, estaba atento a las posibilidades de mejora de los procesos en que intervenía, buscando la forma crecer, de servir mejor, de atender mejor a sus clientes, a nosotros, a su familia del Banco.
 
     Como ser humano era un ser excepcional, que no se dejaba vencer por las limitaciones de la vida, a la que respondía tirándose de lleno a vivirla.  Le encantaba viajar y la oportunidad de ver tanto mundo, le ayudó a formar un carácter abierto y atento.  Nunca ponía un pero si ocupabas ayuda e incluso, cuando andaba de tiendas, otra de sus grandes aficiones, y encontraba algún artículo a buen precio que te podía servir, te llamaba de inmediato para que aprovecharas la oportunidad.  A sus amigos nos llevaba en el corazón, tal como él definitivamente está en el nuestro.
 
     Frente a un ser humano que ha dejado esa huella enorme en las vidas de quienes tuvimos el privilegio de compartir con él, no puede uno entristecerse, no le haría honor a una vida tan luminosa.
 
     Es necesario celebrar la vida, la suya y la que compartimos juntos;  la nuestra que aún nos acompaña un trecho más y la de todos los que en algún momento se cruzaron por su camino, celebrarla de verdad, sin dejos de tristeza, felices por haber tenido el honor de conocer a un ser humano como él.
 
     Celebremos con alegría:  viviendo cada día de forma plena;  atreviéndonos a soñar y a arriesgarnos a perseguir esos sueños;  disfrutando de la gente que, a nuestro alrededor, nos brinda amor y nosotros lo correspondemos;  aprendiendo de todo lo que llega a nosotros a diario, en el trabajo, en la playa, en un viaje, siempre absorbiendo el jugo de la vida de cada experiencia;  permaneciendo prestos a poner nuestro hombro al lado de quien lo requiere, sin exigir porqués ni gracias, solo por el placer de ayudar al otro.
 
     Celebremos rescatando para nosotros la maravillosa forma de vivir de Rodolfo.  Estoy seguro de que él estará complacido de vernos disfrutar de la vida, como él supo hacerlo.

Disparando al cielo

Cuando confundimos la diana, nuestros disparos se cargan de injusticia



Un esposo furioso descarga su ira contra su mujer, a la que golpea sin piedad, arrojándola contra el suelo. Su hijo, quien ha estado viendo la escena desde el resquicio de una puerta que nunca quiso abrir, siente como se contagia de toda esa violencia – la explícita y la contenida – sin saber a ciencia cierta qué hacer con esas sensaciones. Cuando llega a la escuela, luego de despedirse de su papá de un beso en la mejilla, los mecanismos infalibles que mueven las estrellas y hacen girar los planetas, le ponen frente a un niño, menor que él, mucho más pequeño, que no midió un escalón y tropezó lanzando su mochila en su dirección. Toda aquella sensación de desconcierto e impotencia de la que se cargó antes de venir a la escuela, encuentra un canal de salida, empuja hacia atrás al niño, con una violenta patada, solo para lanzarse sobre él, y molerlo a golpes.

Esta escena imaginaria, se repite tristemente a través de todo el mundo, expresándose en infinitas formas y grados de violencia, en los más impensados ambientes y situaciones.

Más allá de las situaciones que llevan a ello, tan estudiadas, tan conocidas por todos y aun así, tan presentes en nuestras vidas, directamente o en nuestros círculos sociales cercanos, lo cierto es que hay implícita una ceguera que he llegado a pensar que es connatural a la identidad humana.

Una ceguera de miras que, cuando se analiza a la distancia, es incomprensible.

En el caso imaginario que da inicio a este texto, el niño, víctima silenciosa del círculo de violencia que se vive en su hogar, sabe que el origen de su furia interna es su papá agresor, pero es incapaz de convertirlo en un blanco, es más, muy probablemente, por lo que se ha estudiado el tema, justificará de alguna forma las acciones que vio, para no tener que enfrentarse a la pérdida de uno de los seres más queridos en su corta vida, que además se ha convertido en una figura de autoridad que considera inalcanzable.  Pero toda esa energía destructora sigue corriendo por sus venas y necesita salir, y sale, en el peor de los momentos y contra una víctima inocente, a la que dispara sin piedad.

Aun más lamentable el caso de su papá, que probablemente acumuló toda esa furia en el trabajo, por el regaño desmedido de un jefe y apuntó a su esposa para descargarla, aun sabiendo en su interior que ella no es la fuente de su desazón.

Pero la ceguera de miras se da en todas partes, en situaciones más grandes y también en otras más pequeñas:
  • En el que fuma, aun sabiendo que su salud se está deteriorando, y en lugar de dirigir su energía a dejar el cigarrillo, y acabar con la fuente de la violencia que le ataca, se encierra a sí mismo, alejando a los familiares y amigos que, preocupados por su salud, le piden que lo deje.
  • En el que manejando, se va en un hueco, siente como su vehículo resiente un golpe que probablemente dejará secuelas en su estructura, pero en lugar de dirigir su enojo hacia quien tiene la responsabilidad de mantener la carretera en buen estado, le grita una diatriba de improperios al primer conductor que a su juicio ha realizado un movimiento indebido en la carretera.
  • En el cliente del banco que haciendo una fila kilométrica, llega luego de una hora de espera a la caja y descarga su desazón en el cajero, aun y cuando los responsables por no tener suficientes puntos de atención son otros, siendo el cajero una víctima más de las malas decisiones de negocio.
  • O que tal el trabajador que ante una necesidad le pide a su jefa vacaciones y ésta se las niega, porque no siguió el procedimiento formal, y se desquita con un día entero malhumorado, que tienen que soportar sus compañeros y clientes.
Pero la verdad es difícil elegir un enemigo. Normalmente tomamos las frustraciones y se las descargamos a quien nos parece que no nos van a soltar de regreso un par de golpes al hígado. Es una consecuencia de ese instinto animal a la supervivencia, que a veces supera la mente racional de la que tanto presumimos y toma el control de nuestras decisiones.

Y sin embargo, apuntar a la diana correcta es solo cuestión de entrenamiento, como todo en la vida. Tenemos que ser conscientes de nuestras decisiones, ojalá antes de tomarlas, pero mientras nos acostumbramos a ello, vale con que las revisemos luego de aplicadas, de forma que esa retroalimentación nos permita frenar antes de tomar la próxima decisión de tiro a un blanco equivocado.

No sigamos disparando a las dianas incorrectas. No sigamos contagiando violencia al mundo que nos rodea.

Frustrado






Cuando el ortopedista me dio la noticia de que la única alternativa a mi cáncer de tibia era la amputación de mi pierna derecha, no necesité más que unos segundos, para entender que las cosas no iban a ser fáciles.

Pero no quise nunca, ni por mí, ni por quienes estaban a mi alrededor, dejar que ese evento me venciera.  Desde el primer momento lo vi como un acontecimiento más en mi vida y traté con todas mis fuerzas de levantarme pronto, y seguir adelante.

Lo que me decía esa parte del cerebro que tiende a evitarnos contratiempos y procura buscarnos espacios de confort donde escondernos, era:  quédese quieto, búsquese una pensión por invalidez y espere con paciencia en su cama de inválido, a que la muerte le encuentre.

Yo nunca he querido sentirme inválido.  Sé, porque la evidencia es contundente, que soy discapacitado, pero me siente igualmente capaz de contribuir, con mi esfuerzo diario, a la construcción de este hermoso país.  Así me reintegré lo antes posible a mi trabajo y he tratado de seguir adelante, superando uno a uno, los obstáculos que la vida y un país poco sensible a la discapacidad, me van poniendo por delante.

Pero ayer, cuando fui a hacer la prueba práctica para la licencia de conducir, realmente sentí frustración.  Yo que no he querido ser una carga para el Estado, ni para nadie, al final me veo forzado por esa mano invisible de la indiferencia y el desprecio hacia lo diferente, a retroceder, muy a mi pesar.

Los funcionarios de Paso Ancho no permitieron que mi madre entregara los documentos pertinentes y me obligaron a presentarme en una ventanilla que estaba a unos treinta metros de distancia, con obstáculos ridículos, empezando por un portón que el oficial a cargo no quiso abrir por completo, por lo que tuve que escurrirme para atravesarlo y luego una serie de rampas, a cual más inconcebible, ¡la primera tenía un ángulo de 45º!, y al final, para llegar a una oficina sin espacio para sillas de ruedas y ante un funcionario que ni siquiera verificó quien era yo, es decir, no había ninguna necesidad de hacerme pasar por eso.  La salida, igualmente peligrosa, rematada por la actitud del "oficial del portón" que trató de impedir que acercaran mi automóvil a la entrada, porque esa es un área reservada.

Ya en Plaza Víquez, luego de una hora de espera, el oficial de tránsito asignado procedió revisar el estado del vehículo mientras yo me quitaba la prótesis que utilizo, ya que el carro es pequeño y no quepo con la prótesis en el espacio del conductor.  Ya instalado, el oficial se acercó a mi ventana, para indicarme que no podía realizar la prueba, porque la tercera luz del freno no encendió.  Resulta que, según me dijo, no importa si el carro trae o no dicha luz, pero si la trae debe funcionar.  Me explicó además, de una forma tan condescendiente que estoy seguro que pensó que aparte de mi pierna, me amputaron medio cerebro, que la verificación es para contar con todos los elementos de seguridad pertinentes para poder conducir en la parte que se realiza fuera de las instalaciones.  Talvez esto fue lo que más me dolió, que insultara mi inteligencia.  Resulta que no podía realizar la prueba porque una luz que no es indispensable (ya que a quien no la trae, no se le exige), no encendió y eso podía ser riesgoso para la conducción del vehículo.

Ni siquiera se por qué me extraña la actitud de los funcionarios del Tránsito.  En mayo, cuando pedí la cita y no habían disponibles sino hasta septiembre, traté de explicar a la Contraloría de Servicios que necesitaba una cita más pronto, ya que por mi discapacidad, requería de un medio de transporte independiente, que me permitiera llegar a mi trabajo, ya que no puedo utilizar autobuses y no puedo costear servicios de taxi todos los días, logré que me explicaran como ellos cumplen la ley y los procedimientos, pero no pudieron decirme ni una sola palabra sobre la situación especial que les expuse y que evidentemente no les interesó.

Me siento frustrado, al ver que no importa cuánto me esfuerza yo por salir adelante y por no ser una carga para la sociedad, parece que el mismo Estado Costarricense se esfuerza por devolverme a una cama y dejarme ahí, aunque eso le cueste caro.

Me siento como los niños que en el siglo pasado eran encerrados en "el cuarto de atrás" porque eran diferentes.  Siento como si a través de los funcionrios que ayer me atendieron, me estuvieran enviando al cuarto de atrás, para encerrarme y no tener que ver ni tratar con mis diferencias y con mis necesidades.

Solo puedo desear que todos ellos jamás sufran un accidente o una enfermedad como la que yo sufrí, para que no tengan que enfrentarse a lo que significa ser discapacitado.  No creo que pudieran sobrellevarlo.

Se aprovechan de mi nobleza


Esta famosa frase de Chespirito, se aplica plenamente al caso de los tales porteadores.

Yo no se por qué en este país es tan difícil decir las cosas como son.  Los porteadores no son otra cosa más que taxistas piratas.  Todo ese cuento de que el Código de Comercio permite el porteo de personas, como si fuésemos la vaca Milagro, no es más que eso, un cuento.

En este país está claro que para trabajar como taxista, deben obtenerse una serie de requisitos, incluyendo un permiso especial o placa, y que el número de taxistas por región está restringido.  Es de suponerse que esta restricción a la libre práctica de este servicio público, obedece a estudios técnicos que justifican su necesidad.

Y mientras esta restricción exista, sólo quienes cumplan con los requisitos establecidos por ley, pueden operar como taxistas.  Sin más.

Por lo pronto, a todo este montón de engañados que creen tener derechos y a los que el gobierno de don Abel... eh perdón, de doña Laura justifica recibiéndolos y ninguniándolos, solo puedo recomendarles una urgente dosis de ubicatex.

Como corolario una idea loca.  A fin de cuentas todo el problema es por la majadería de restringir las placas de taxi.  Lo que debería hacerse es abrir el mercado del taxi.  Tener requisitos claros pra garantizar la calidad del vehículo, la pericia del conductor y la seguridad del cliente, y que todo el que quiera placa de taxi, la pida y se le de.  El mismo mercado se encargará de regular el número de taxistas que habrá en las calles.  Así cada uno será responsable de definir si el mercado del transporte público les funciona o mejor se trasladan a otra cosa... claro, así no habrá como explotar el "caudal electoral" que llaman...

Megalomanía criolla


Hace algunos meses me encontré en el Facebook el perfil del señor Gilberto Monge Pizarro, alcalde del Cantón de Mora, donde resido, y como la descripción del perfil reza "Sigamos construyendo el cantón que soñamos", pues asumí que estaba abierto para todos los habitantes del cantón y solicité que me incluyera como contacto.

Desde entonces he constatado que el señor Monge Pizarro no es más que otro político megalómano criollo, que cree que el mundo se mueve gracias a que ellos se despiertan y le dan el visto bueno al planeta para que siga rotando. El asunto no me agradó, pero de estos especímenes está plagada nuestra flora política tica, así que apliqué la tolerancia y no me involucré.

El 4 de junio anterior, varios medios de comunicación dieron cuenta del allanamiento, por parte del Organismo de Investigación Judicial, de la Municipalidad de Mora y de las Oficinas de la Asociación Administradora del Acueducto de Guayabo de Mora, añadiendo que se arrestó a dos funcionarios de dicha asociación y se pretendía arrestar también al señor Mora Pizarro, pero no pudo ejecutarse la acción, porque se encontraba fuera del país.

A su regreso al país, el señor alcalde publicó un comunicado de prensa en el que desmiente las acusaciones en su contra y promete aclarar lo sucedido. El 8 de junio el tribunal competente le suspendió del cargo como medida cautelar, y el intrépido señor Monge Pizarro publicó en su muro del Facebook que se está defendiendo y que igual el próximo 5 de diciembre volverá a presentarse para el puesto de alcalde. Yo me sentí indignado. Un servidor público tiene como primera obligación hacia la ciudadanía, la probidad. Un aspirante a servidor público que no es capaz de demostrar esa probidad, por tener una causa pendiente, no debe proponerse a un puesto de elección, no solo por un asunto de principios y de responsabilidad ética, sino porque es un irrespeto hacia el electorado, pedirle que confíe en él, solo por quien es. Ningún elector debe verse ante la disyuntiva de votar por alguien por "fe", el voto debe ejercerse ante la libertad que brinda el conocimiento de los atestados y antecedentes del postulante. Así se lo hice ver y fui objeto de los ataques del señor Mora Pizarro (quien incluso dudó de mi "hidalguía") y de su club de fans.

En los últimos días, nuestro cantón ha vivido una campaña de apoyo al señor alcalde, sin parangón. Volantes y calcomanías nos invitan a apoyar al alcalde ante las patrañas que se montan en su contra. Uno de los volantes propone incluso preparar un documento con la firma de los habitantes del cantón, pidiéndole al Tribunal eliminar la suspensión del puesto del señor Monge Pizarro, por ser un acto injusto ante una denuncia calumniosa. Para infortunio de mi pobre estómago, la campaña ha sido retocada con las consabidas frases bíblicas, los llamados a la oración para que se haga justicia por el alcalde y la distribución de panfletos a la salida de la Iglesia. Aunque respeto la fe que cada uno pueda profesar, este tipo de acciones solo tienden a confundir a la gente, a hacerle creer que Dios mismo está del lado del pobre ofendido y que la justicia terrenal es solo un ajiaco desabrido que no se compara en absoluto a la justicia divina y por lo tanto se le resta toda la seriedad al tema. Así ni se aclara lo que pasa, ni se respeta el proceso judicial, sino que se obtiene una absolución divina que está por sobre cualquier otra acción de los simples mortales.

Todo este teatro colmó mi paciencia cuando este lunes manifestó en su muro que la situación que vivía era igual al Golpe Militar de Honduras, ya que la suspensión de su trabajo en la Alcaldía era un desconocimiento de la voluntad popular que lo puso en el puesto. Ante tal aberración y tan absoluta falta de dimensión de la realidad, no pude menos que indicarle que era totalmente incomparable una cosa con otra y que el irrespeto a la Justicia Costarricense era intolerable de alguien que supuestamente jura acatar y hacer cumplir la Ley. Obviamente el señor Monge Pizarro se molestó, y sus fans hicieron otro tanto, indicándome que como no me han visto en los bingos de la comunidad, dudan que habite el cantón y por lo tanto mis opiniones carecen de validez... hoy corroboré que el señor alcalde me eliminó de sus contactos y de paso eliminó el desastroso comentario sobre el golpe...

Pero como la memoria es lo único que puede salvarnos de seguir cometiendo los mismos errores y ante la inminente amenaza del señor Monge Pizarro de postularse nuevamente al puesto de alcalde, no he podido menos que dejar constancia de lo sucedido y pedir encarecidamente, a todos los habitantes del cantón, que traten de hacer una lectura objetiva de este tema, darle seguimiento a lo que suceda y no dejarse llevar por la odiosa costumbre del "pobrecito".

Espero que la probidad sea nuevamente un emblema en los servidores que administren nuestro cantón.

El cáncer no es sinónimo de muerte



El 24 de junio del 2008, en la Clínica Bíblica, luego de caerme y quebrarme la tibia y el peroné de mi pierna derecha, un médico hostil y malencarado, en medio de la mezcla de dolor y atontamiento por la morfina que me habían inyectado, me soltó de pronto: "mire, usted lo que tiene es un tumor enorme en esa pierna... ¿me entiende lo que le estoy diciendo?, es cáncer lo que usted tiene".

Cuando a uno le dicen que tiene cáncer, pues es inevitable pensar en la muerte. Existe la creencia errónea de que el cáncer es sinónimo de muerte. Sobre todo en quienes tenemos más años encima, ya que en nuestra infancia, las posibilidades de lucha contra esa enfermedad eran mínimas, y cuando uno oía a sus papás comentando sobre algún conocido al que se le había diagnosticado cáncer, de inmediato bajaba la voz y se presenciaba un silencio reverente, casi como deseándole de una vez, lo mejor en la otra vida.

Pero lo cierto es que el cáncer no mata.

Claro, es importante escuchar al cuerpo. Existen hoy más y mejores métodos de detección del cáncer, pero ninguno funciona si nosotros no damos el primer paso. Yo tuve la suerte de quebrarme la pierna en momentos en que toda mi tibia estaba invadda por un ostosarcoma, lo cual literalmente me salvó de un pronóstico mucho peor, pero el cuerpo avisa y hay que estar atento.

Desde hace muchos años, cuando caminaba, yo sentía un dolor agudo en el tobillo. Siempre asumí que era una reacción de la pobre pierna al sobrepeso que le encargaba echarse encima y nunca lo mencioné a un médico. Según me ha explicado el ortopedista, yo tuve muchas fracturas en la tibia, que se curaban solas, pero que ya me avisaban de la presencia del cáncer.

Tu cuerpo te avisa. No debes dejar de escucharlo. Además existen métodos efectivos de detección de los tipos de cáncer más comunes: mama, útero, próstata o piel. Haciéndose regularmente el autoexamen de mama, la mamografía, el tacto rectal, la revisión de manchas en la piel, podemos detectar cambios en nuestro cuerpo a tiempo para atacarlos y superarlos.

Además ya sabemos que hay conductas que nos ayudan a evitar la aparición de células cancerígenas en el cuerpo: ejercicio regular, comida balanceada, ingesta de alimentos antioxidantes, abandono de conductas agresivas como el fumado o el consumo excesivo de alcohol, de grasas o de azúcares.

Y si algún día te dicen que tienes cáncer, recuerda que, aunque es una enfermedad dificil e incómoda, se puede vencer, se puede superar y se puede seguir viviendo y aprovechando al máximo tu vida.

Hoy, en el Día Internacional del Cáncer, te invito a escuchar a tu cuerpo y acudir al médico. Vale la pena vivir.

Feliz Yule a todos...



Saturno (Saturnus), hijo del Cielo (Coelus) y de la Tierra (Tellus), en la mitología romana, concentró a las deidades anteriores al panteón romano, que regían la agricultura y las cosechas, en los mitos de los primeros pobladores de la región, probablemente heredados de sus antecesores y de la idea déica egipcia de Renenutet. Posteriormente, se le asignaron características que lo hicieron asimilar al dios griego Cronos.

Precisamente estas funciones primigenias de potenciador de la agricultura y protector de las cosechas, hicieron que en su honor, se celebraran anualmente las Saturnales (Saturnalia), que eran festividades llenas de vino y de alimentos, en abundancia, para celebrar las bendiciones del año pasado y augurar la prosperidad en el año venidero.

Su inicio se da el 17 de diciembre, día de honor del dios Saturno, y concluye con el solsticio de invierno, que en este año será el 21 de diciembre. El solsticio de invierno simbolizaba el fin de un ciclo y el inicio de uno con un nuevo sol, con nuevas esperanzas, con grandes expectativas.

Por su parte, las tradiciones escandinavas, tan diferentes de las romanas, coincidían en esta fecha en la celebración del fin de la siembra y los augurios de prosperidad para las venideras cosechas. Su fiesta se llamaba Yule, y básicamente se reunían en torno a un tronco ardiente, que persidía las festividades de una semana, que concluían con el solsticio de invierno, fecha en que se esparcían sobre los campos, las cenizas del tronco quemado.

En este tiempo había mucho por qué celebrar. Concluían las labores de siembra, las arduas faenas en el campo, y los hombres y las mujeres necesitaban creer que esas semillas dejadas en las entrañas de la tierra, les bendecirían con abundantes cosechas, para comer, para vender y para guardar, de forma que en el siguiente invierno, no pasaran necesidades. Con los rústicos medios y tecnología con que contaba la humanidad a principios de la era cristiana, no es de extrañar que todos esperaran por un milagro y este en particular, se lo encargaban a Saturno.

Una de las características más llamativas de las saturnales, era que en las ciudades, los grandes señores, para hacer alarde de su poder económico, hacían regalos, extraordinarios a quienes tenían más que ellos, suntuosos a sus iguales, abundantes a otros ciudadanos. Igualmente premiaban a sus servidores y esclavos, a quienes, dependiendo de los intereses de los señores, regalaban objetos y sobre todo telas, les liberaban de los trabajos de un día, o en el caso de los esclavos, les daban doble ración de alimentos.

El cristianismo se topó con dos situaciones complicadas en la Roma decadente que dio pie al nacimiento de la Iglesia de Roma: las Saturnales estaban tan arraigadas en el pueblo, que no pudieron proscribirlas, y existía un culto muy extendido en el reino de oriente hacia Zoroastro, de hecho, el judaísmo se vio impregnado fuertemente de esta religión revelada y consecuentemente, el cristianismo se nutrió filosóficamente de sus principios, y tomando en cuenta que la fiesta dedicada a Zoroastro, como dios solar que era, se celebraba el 25 de diciembre, se fijó esa como la fecha del nacimiento de Jesús y con ello, se "inauguró" la navidad, como las festividades previas al nacimiento de Cristo, retomando y oficializando las costumbres paganas, tales como el árbol decorado, la cena de navidad, los regalos, etc.

Así, nuestra celebración de navidad, es en realidad un crisol cultural, en el que honramos a tantos seres humanos que, al igual que nosotros, esperaban un mejor futuro para si mismos y para los suyos. Sus plegarias, o sus gemidos de placer, en pos de la deidad en la que fijaban sus mejores sueños, son tan válidas hoy como ayer, y, como las nuestras, son gritos hacia nuestros adentros, para despertar esas energías que aun no hemos sacado y que pueden significar la diferencia entre éxito y fracaso en nuestros proyectos venideros.

Por eso hoy, que da inicio la fiesta de Yule, la Saturnalia, o la navidad, no dejemos de creer, en nosotros mismos y en todos juntos como humanidad.

El próximo año, tendremos un mejor año que el actual. Por ahora, celebremos lo vivido y atesoremos las experiencias acumuladas, con cariño y con fe, en que nos han convertido en mejores seres humanos.

FELIZ YULE A TODOS.

¡Qué desilusión, don José Manuel!



Hace cuatro años tuve el desliz intelectual de creer en su discurso, de dejarme embobar por sus palabras, por sus ideas y por sus proyectos. Hace cuatro años tomé el lapicero en la urna electoral y marqué la casilla con su fotografía... le di mi voto.

Que desilusión me he llevado desde entonces.

Todo lo que habló, todo lo que dijo, lo que propuso, lo que ofreció, todo se quedó guardado en el mismo estañón en el que los Arias tienen escondida su conciencia.

Verle plegado al bloque oficialista para aprobar las leyes del TLC, los proyectos oficialistas (sin importar arte ni parte) o dando su apoyo irrestricto a don Francisco Antonio Pacheco para que se entronizara en el puesto de Presidente Legislativo, fue espantoso.

Sus actuaciones solo han dejado un pésimo sabor de boca en mí.

Pero justo cuando creí que ya esa pesadilla había terminado; justo cuando tras verle traicionar al Partido Unión Nacional, no reparó en coqueteos con el Partido Unidad Social Cristiana, para al final postrarse a los pies de Liberación Nacional... sale con esta triste despedida a su desafortunado paso por la Asamblea Legislativa... vota por Ofelia Taitelbaum para el puesto de Defensora de los Habitantes, y aun peor, de forma cobarde no lo acepta públicamente, cuando es evidente que usted fue uno de los siete diputados que facilitaron la atroz acción de ayer.

Don José Manuel, quién mejor que usted, que ya ocupó ese importante cargo, para saber que ahí se requiere de alguien con suficiente independencia política y carácter, para poder funcionar como el contrapeso al poder formal del Estado. ¿Qué independencia ofrece doña Ofelia? ¿Qué empatía tendrá con los mas necesitados, para quienes la Defensoría es casi su tabla de salvación ante las oleadas de la realidad en que viven? ¿Cuál será su posición cuando los Arias la llamen para dictarle línea?

Realmente lamentable don José Manuel, que al final, la entereza moral y solidez ética de don Mario Echandi, no hiciera mella en su propio carácter. Lamentable que al final, usted solo es como otros tantos, que no se sonrojan actuando en clara contraposición a sus palabras. Lamentable que desperdiciara mi voto, creyéndole a alguien como usted.

¡Qué desilusión, don José Manuel!

Rodrigo, no te murás


Estos días me han dado un vuelco al corazón, don Rodrigo Carazo Odio, está grave en el hospital, luchando contra la adversidad luego de severos procedimientos quirúrgicos que buscaban corregir algunos problemas en su corazón.

¡Ay ese corazón grande! ¡Ay ese corazón que tanto ha amado a esta Patria! ¡Ay ese corazón lleno de comprensión y de paciencia para con sus compatriotas, que no siempre han sabido valorarle!

Ese corazón hoy le tiene al borde de la vida... no de la muerte, porque una persona tan enorme como don Rodrigo, jamás morirá.

Pero hoy quiero pedirle, a la distancia, a través de las ondas mágicas que nos unen como seres humanos, que por favor, ¡no te mueras!

No porque sería darle un gusto inmerecido a alguien de quien vos has sido el mayor de los críticos, permitiéndole presidir tu funeral de Estado y convertirlo en otro show más para su propio ego.

No porque en plena campaña electoral, en un proceso en el que el pueblo está comiendo basura mediática y requiere de la sabiduría de estadistas como vos y si te vas, nos privarías de ese mensaje.

No porque tanta gente que te quiere, tu familia, tus amigos y quienes solo hemos sido admiradores de tu inteligencia, de tu entereza y de tu carácter por tanto tiempo, nos sentiremos profundamente tristes por tu partida.

Te pido que no te vayas aun, porque el hueco que dejarías en el corazón de la Patria, sería enorme.

Desde 1978, cuando a mis 8 años de edad te conocí, no he dejado de apreciarte. Y por tantos años de amor a la distancia, Don Rodrigo, te envío mis mejores energías y mi ferviente deseo de que superes también esta lucha, como tantas otras has vencido en tu vida. Estamos esperándote aquí afuera.

El mejor regalo para mamá



En vísperas del Día de la Madre, muchos estarán en carreras, de tienda en tienda, buscando el mejor traje, la crema anti-edad más apropiada, la gargantilla que más se ajuste a la realidad de la billetera, o talvez las flores que expresen de la mejor forma, mi sentimiento hacia la mujer más importante en la vida de cualquier ser humano sobre el planeta: nuestra madre.


Otros buscarán en cambio aprovechar las ofertas de los grandes almacenes de electrodomésticos, para proveer a mamá de mejores herramientas, para facilitar su vida diaria: la lavadora de tanque horizontal que ahorra electricidad, la plancha de última tecnología que mata todas las arrugas, o la aspiradora con sistema de vapor que no deja partícula de polvo sin vaporizar por donde pasa.


La forma como vemos a nuestra madre, define para nuestra vida diaria, la forma en que vemos a todas las mujeres del mundo. La psicología ha encontrado la relación intrínseca entre esta visión infantil que creamos de la mujer, y los modelos mentales que empleamos luego, de adultos, para generar relaciones interpersonales con quienes comparten su mismo género.


Es así como, quienes aun ven – o recuerdan – en sus madres, a una suerte de “colaboradora del hogar”; que siempre arregló mi cama, tenía mi ropa limpia, aplanchada y ordenada en mi armario; recogió todo lo que yo iba dejando botado por la casa, para ponerlo en su lugar; me cocinó los más ricos platillos, manteniéndolos a la temperatura perfecta para que yo, sin importar la hora a la que llegara, los recibiera, servidos de su propia mano, como recién salidos del horno; en fin, alguien que siempre está disponible para atender oficios que probablemente yo no hago bien o no me gusta realizar, son incapaces de verse a si mismas (en el caso de las mujeres), o de ver a las mujeres en general, como más que eso, empleadas domésticas a tiempo completo y sin paga.


Se que a muchos les parecerá extremista esta generalización de los modelos mentales que rigen primordialmente nuestras relaciones con la mujer, pero es increíble ver hoy en día, entre nuestros amigos o familiares, entre nuestros compañeros de trabajo o nuestros vecinos, personas que consideran normal y adecuado que la mujer que sale a trabajar a diario, lo haga porque ahora es necesario colaborar con la manutención del hogar. Por eso, ese trabajo no la exime de sus responsabilidades en la casa: los oficios domésticos, la tutoría escolar de sus hijos, etc. Existen tantas personas que son incapaces de pensar en que la mujer trabaja para realizarse profesionalmente y con ello desarrollar una parte importante de su personalidad y de su esencia como ser humano, que uno se asusta. Existen tantas personas, incluidas mujeres, que consideran irracional tan siquiera cuestionarse si las taras del hogar deben distribuirse equitativamente entre todos los miembros de la familia, de acuerdo a sus propias posibilidades, sin importar si son hombres o mujeres, que uno de verdad se pregunta qué está pasando.


De este modelo mental que convierte a la mujer en un objeto, es terrible y lamentablemente sencillo cruzar al umbral de la violencia y asumir un rol en círculos de violencia doméstica. No me refiero necesariamente a la violencia física, que existe y que con tristeza debemos admitir que es mucho más común de lo que estamos dispuestos a reconocer, sino a todos los demás tipos de violencia, más sutiles, menos ruidosos, que no dejan marcas tan visibles y que también carcomen el seno de las familias y con ello de toda la sociedad costarricense.


La violencia patrimonial, por la que todas las posesiones de la familia están a nombre del “hombre de la casa” y es él quien toma las decisiones sobre el tema, sin importar las consideraciones el resto de la familia, es generalizada. En algunos casos, este tipo de violencia llega al extremo de que las mujeres de la familia que trabajan, ceden sus salarios íntegros a un fondo administrado por el “jefe de hogar”, quien lo distribuye a su antojo, sin considerar para ello las necesidades o deseos de quienes lo ganaron. Hay mujeres que admiten recibir solo el dinero necesario para llegar a sus trabajos y regresar a sus casas, asumiendo como lógico o evidente, que no son capaces de administrar su propio dinero.


Y ni que hablar de la violencia psicológica, por la que se hace creer a las mujeres, a punta de frases violentas y llenas de veneno, que son seres inferiores que no merecen ser tratados como iguales, que su destino es tener hijos, criarlos y atender las necesidades de sus parejas, y que su trabajo no merece reconocimiento porque es parte de sus obligaciones naturales, por haber nacido mujer.


Yo se que cuando se leen estas cosas, uno tiende a espantarse y a pensar ¿dónde sucede esto, que barbaridad? Pero esa reacción es un recurso barato para no admitir la realidad de que, en mayor o en menor medida, estas relaciones enfermizas me afectan a mi directamente, sea como víctima de la discriminación y la violencia, o como agresor y ejecutor de estos modelos erróneos, o que gente a mi alrededor, muy cercana, padece estas pesadillas en su vida diaria.


El mayor problema es que, mientras no tomemos conciencia de lo común que es convertir a la mujer en un objeto, ya no digamos sexual – tarea que la publicidad no deja de practicar a diario, solo basta ver pasquines como La Teja para comprobarlo – sino de muchos otros tipos, empleada, servidora, criadora de hijos, etc., nunca superaremos el modelo que, a veces de forma inconsciente, rige nuestras acciones, las de hombres y las de mujeres, porque el modelo que hemos aprendido de que la mujer es un ser inferior, nos afecta indistintamente de nuestro género.


Es por eso que hoy, quiero proponerles, con todo respeto y cariño, hacerle el mejor regalo a nuestras madres, no importa si están con nosotros o ya nos ven desde el Cielo, es un regalo de amor, por una mujer que desde que nacimos marcó nuestras vidas: revisemos la forma en que vemos a las mujeres, revisemos lo que creemos y sentimos de ellas, si les asignamos papeles o roles dentro de nuestras vidas, sin considerarlas como seres humanos íntegros, con deseos, aspiraciones y proyectos de vida. Revisemos si, cuando llegamos a nuestras casas, asumimos sin pensarlo mucho, que nos corresponde de inmediato asumir el rol de empleada doméstica, o en el caso de los hombres, nos sentamos a ver televisión, asumiendo que las mujeres de la casa se encargarán de lo demás. Revisemos los modelos que estamos inculcando en nuestros hijos, lo que le estamos enseñando como válido, los roles que ellos ven asumir a su mamá y a su papá.


Regalemos a nuestras madres, nuestro respeto y admiración por la mujer, por ellas, nuestras mamás, y por todas las demás mujeres en nuestras vidas, ustedes mismas si son mujeres. Regalémonos a nosotros mismos en este Dia de la Madre, un cambio sincero de actitud frente a la mujer en la sociedad y en nuestra vida. No mas menosprecio o discriminación, no mas paradigmas patriarcales que impidan ver a las mujeres como compañeras de vida. Si tienes problemas de violencia de algún tipo, regálate ayuda, busca quien te apoye para superar ese círculo y darte respeto o respetar.


Hagamos el regalo más grande a nuestras mamás, regalémosle amor de verdad, amor manifestado en el respeto y en la aceptación de que la mujer es un ser humano valioso, que no tiene por qué encasillarse en ningún rol, ni convertirse en ningún objeto que se acomode a mis necesidades. Amor puro y verdadero.


Feliz día de las madres a todos y a todas.


Se nos fue Benedetti


Hoy, tras darse de golpes con la odiosa muerte, que desde hace años lo agarró por los pulmones, intentando ahogar la vida que este uruguayo insigne vivió al máximo, murio a los 88 años de edad visible (porque alguien de su talla tiene una vida inagotable que lo trasciende), el novelista, el ensayista, el editorialista, el escritor de teatro, el sublime poeta, pero sobre todo el ser humano extraordinario Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia.

Un hombre incansable en su intento de abrazar a los latinoamericanos, para traspasarlos con su terrible espada de la consciencia y permitir que esa herida abriera un espacio para la manifestación de una raza que siempre le quedó debiendo el abrir los ojos frente a su propia grandeza y hacerse con un puño con el mundo que nos pertenece.

Cuando Serrat se rindió a sus pies y nos regaló aquel inolvidable manojo de poemas cantados "El Sur también existe", hincó a todo el mundo al mismo tiempo, ante un poeta sensible, pero ante todo repleto de una visión de un mundo más justo y solidario, de un ser humano más consciente y compasivo y de una latinoamérica más segura de si misma, visión que se salía por sus venas de tinta cada vez que posaba su pluma sobre un papel.

Por su amor por los demás, se sumó a las filas de los movimientos populares de su país, buscando reivindicar al ser humano al que veía sufrir a diario. Por sus ideas tuvo que abandonar al Uruguay que tanto amaba y por sus ideas siempre ha sido criticado, incluso en nuestros días, por esos corazones estrechos, que no soportan que se les retrate abusando de los demás.

Hoy se nos fue Mario, pero también se mudó a vivir para siempre en nuestras mentes y en nuestros corazones. Para siempre Mario vivirá con nosotros, porque su honestidad y amor para describirnos, a sus prójimos, se ha escrito con letras de oro en el libro de la vida.

Adiós y bienvenido Mario, estás en tu casa (en las dos)

Allende
Mario Benedetti (Uruguay, 1920)

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que concretar todos los odios
y además los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse son el pueblo

Triunfo de la tolerancia

Debo admitir, de principio, que el gobierno actual no me mueve ni una partícula subatómica de buen ánimo, sin embargo, el pasado 25 de marzo se publicó en La Gaceta, un Decreto Ejecutivo (34399-S) que, debo reconocer, es un verdadero triunfo de la tolerancia y del respeto hacia las personas, y se convierte en una muestra más de la madurez que está adquiriendo la sociedad costarricense.

En ese decreto, se declara el 17 de mayo, como el Día Nacional contra la Homofobia.

La homofobia es la aversión obsesiva de una persona hacia otra, por el solo hecho de su orientación sexual.

La humanidad ha tenido que transitar un largo camino para sacudirse de los miedos que le produce a las personas, relacionarse entre sí. Larga también es la lista de diferencias que han sido castigadas a través de los años: el origen geográfico, el color de la piel, el sexo, el tamaño, la forma de pensar, la manifestación de su espiritualidad, los usos y costumbres, la cantidad de posesiones materiales… y ni para qué seguir, porque no acabaríamos nunca.

Lo lamentable es que a estas alturas, luego de tantos siglos de civilizaciones modernas, no hayamos proscrito esta lista y cualquiera similar a esta.

No es aceptable que hoy, en el año 2009, en la Costa Rica del siglo XXI, se discrimine a un ser humano porque nació mujer; porque su nacimiento sucedió al norte del Río San Juan; porque no profesa el cristianismo; porque decidió creer en el amor, sin condiciones; porque algo le hace diferente a los demás.

Al ser humano no se le puede poner valor, no somos objetos, no se nos puede disecar para determinar cuánto cuesta cada uno de nuestros componentes, porque nuestra verdadera esencia, esa que nos convierte en quienes somos, es invaluable. Valorar a un ser humano, es en si mismo un acto inhumano.

Medir a quienes me rodean en función de cuánto se parecen a mi o de las coincidencias intelectuales que nos unen, es convertir a la persona en un objeto al que puedo poner precio, del que puedo decir vale más que Fulano, porque es hombre, o es mejor que Sutano porque viene de buena familia. Estas desnaturalizaciones de la persona, nos rebajan y nos ultrajan a nosotros mismos, porque solo hablan de los enormes miedos que tenemos dentro.

Porque a fin de cuentas, la discriminación, no importa la razón o justificación que tenga en la superficie, en el fondo es solo la manifestación del miedo que nos da aceptar una diferencia, por el pavor que nos provoca compartirla. Los fuertes discriminan a los débiles, por el miedo que tienen de perder su fuerza y volverse como aquellos. Los que tienen poder económico discriminan a los desposeídos, por el miedo de perder sus posesiones y caer en la pobreza. El miedo es el resumen de toda discriminación.

No tenemos por qué fomentar el miedo en nosotros o en los ambientes en que nos desenvolvemos. Tenemos que hacer esfuerzos conscientes por revisar, no solo nuestros actos, sino nuestros pensamientos. Muchas veces nuestros miedos vienen heredados de nuestras familias o de los entornos en los que crecimos, los validamos de niños y nunca los revisamos, actuando de acuerdo a modelos mentales oxidados que incluso puede que no representen nuestra forma de pensar actual. Por eso el esfuerzo debe ser consciente, debe ser una revisión constante de lo que pensamos, de lo que decimos y de lo que hacemos.

Esta declaración del 17 de mayo como el Día Nacional contra la Homofobia, es una acción esperanzadora para quienes aun creemos que un mundo cada día mejor, es posible.