¿Y el pan, don Oscar?


Veinte años ha, que en Oslo, don Oscar Arias recibía el Premio Nobel de la Paz.

Una medalla, un certificado y algún dinerillo fue a recoger don Oscar a aquellas gélidas tierras del norte de Europa. Un país entero celebraba a sus anchas el honor, que a través de su presidente, sentían que el Comité del Nobel estaba haciendo a un pueblo entero.

No tardamos mucho en comprender que don Oscar sacaría un buen jugo de la medallita, y que no habría oportunidad en la que nos dejara de recordar el honor que para Costa Rica significaba que él se hubiese hecho con el Nobel. Cruel forma de bajarnos del podio de Oslo para depositarnos sin ningún cuidado en nuestro terruño, que de pronto se hizo tan pequeño para el señor Arias.

Y cuando se cansó de sacar de paseo la medallita, como si fuera reliquia de la Edad Media, regresó por mas. Y que caro nos ha salido su regreso; torció el brazo a nuestro Poder Judicial, para que reinterpretando la Constitución, le dieran su bendición al refrito de su primer gobierno; torció el brazo a nuestro amado y respetado Tribunal Supremo de Elecciones, para que cerraran los ojos frente a las irregularidades de un proceso electoral en el que mandó el dinero, estrategia del oro que aplicara luego en el famoso referéndum del 7 de octubre del 2007; torció el brazo a nuestro Primer Poder de la República, para que por medio de mañas y tecnicismos, aprobaran un combo de leyes que dieran y repartieran todas las promesas y compromisos que hizo para la campaña del SI, claro del si les regalo todo lo que no es mío... bien caro nos ha salido que el Premio Nobel de la Paz dirigiera nuevamente sus ojos a su tierra natal.

Lo cierto es, don Oscar, que de paz no se vive. La gente necesita comer, necesita vestirse, necesita trabajar. Los costarricenses necesitan un entorno seguro, en el que desenvolverse y en el que puedan aportar, sin miedo, su mejor esfuerzo por el país. Nuestros niños y jóvenes, necesitan un futuro en el que creer y confiar, para fijarse metas, para trabajar en la consecución de sus sueños, no apologías de maldiciones bíblicas en las que a punta de ofrecer reses desnutridas ha acabado con las buenas intenciones de la sangre jóven de nuestra tierra.

No don Oscar, a veinte años de que usted viviera la mayor inyección de vitaminas a su ego, los costarricenses no podemos seguir comiéndonos el discurso que pronunció en aquella ocasión, no solo porque ya no llena nuestros corazones (ni nuestros estómagos), sino, sobre todo, porque usted ahora utiliza una versión light, muy a propósito de sus actuales intereses, olvidándose por completo de lo que en aquella ocasión decía sobre el apoyo a regímenes que atentan contra los derechos humanos de sus pueblos, porción de carne roja que ha sustituido por los regalo$ de China, o lo que decía sobre el respeto a la naturaleza como bien prestado que pertenecía a las generaciones futuras, y que como ensalada opcional de esa dieta, ha hecho a un lado para que sus amigos extranjeros zanjen nuestras tierras y se lleven nuestros tesoros.

Mejor hubiera sido que la cuerda del reloj nobel, le hubiese durado un poco más, para que sus vuelos siguieran llevándolo a tierras lejanas de la nuestra, a donde nada bueno ha venido a hacer con su regreso.

Publicado en La Prensa Libre del 17/12/2008

1 comentario:

Eduardo Montoya dijo...

Excelente Rolo, sacaste una verdadera radiografía de la causa-efecto de la crisis política que vivimos, nuestro país, desde el punto de vista político, se encuentra secuestrado por una familia adinerada que ha influido en todas las esferas y poderes de la República para traer agua a sus molinos. ¿Qué realmente quiere don Oscar? La respuesta de ahora es la misma de antes: posteridad, quiere pasar a los libros de historia, aunque eso no le añada ni un codo más de duración a su vida, como el ciudadano más ilustre de Costa Rica, nunca ha descendido de su posición entronizada a saber lo que quiere y, más importante, lo que necesita el pueblo, nunca ha dormido en el suelo, ha sido asaltado a mano armada ni dormido con nada más que agua en el estómago, tiene una visión distorsionada de lo que es el bienestar.

Pidamos a Dios que su gestión pase rápido y que no se le ocurra volver a torcer el brazo a las instituciones para acomodar la constitución y demás leyes subordinadas para acomodarlas a su antojo.